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SUGESTIONES (7)


Estaba escuchando música de terror, cuando de pronto oyen que golpean la puerta… estaba metida navegando por Internet, leyendo cosas de terror y viendo uno que otro video. El ambiente era lóbrego con todos los adornos de su cuarto, hacía tiempo que no cambiaba el foco pues le gustaba la oscuridad. La mayor parte de su tiempo hablaba con un amigo de España que se hacía llamar –“el hijo perdido de la Luna”-, su sobrenombre era Vincent Leiva, moderador de un grupo en una red social donde ella era integrante y tenía dos años de antigüedad. Este grupo se denominaba: -“Del terror y de Misterios: Mundo Paranormal”- Ella estaba envuelta entre fantasías y delirios mentales visuales, tenía una extraña “enfermedad mental”, que estaba ligado al gusto de pertenecer a la oscuridad y eso hacía que de día viera extrañas alucinaciones que la envolvían en un mundo de misterio y una personalidad energúmena. No obstante su familia paterna tenía antecedentes de historias empapadas de muertes extrañas por brujería y tener bisabuelos que se dedicaron a la brujería, habían leyendas dentro de la vida de esa familia y esta muchacha al pertenecer a una familia católica y decir que “escuchaba voces y veía cosas que después sucedían” hizo alarmar tanto a la familia que la internaron al psiquiátrico por tres meses. Ella se había convencido de que lo que tenía era realmente una enfermedad mental y se estaba acostumbrando a vivir de eso y de no meterse en la vida de las demás, de no cambiar circunstancias por nada del mundo; ya que no se sentía con la responsabilidad de generar cambios por medio de sus precogniciones. Aparentemente tuvo una vida digna y tranquila, a veces trataba de no depender de los medicamentos. Una vez soñó algo extraño, vio que él hijo del psiquiatra que le atendía sufría un accidente y que el doctor no podía asistir para ver a su hijo pues había un caso extremo que atender en ese preciso momento y no podía desatender. De pronto oyó un timbre insistente y cuando pensó abrir la puerta se encontró a la mitad de la calle y un coche le pitaba el clapson, por poco era atropellada y no tenía idea de que hacía a mitad de la carretera. El joven se percató que la muchacha no se encontraba bien y se veía como ida, ella le pidió que la llevara a su casa y así fue. El muchacho estaba molesto con ella, en todo el camino estuvo como ida: -“¿Cómo te llamas?, ¿Vives sola?”´- le preguntaba el joven sin recibir respuesta, y cada vez creía enfurecerse hasta que encima de un buró encontró medicinas y una receta medica; -“¡Wow! Con razón estás así, tomas sedantes. Y te llamas Marisa Lamas, tienes 20 años… Mi padre trabaja en ese hospital y tu doctor es...”- palideció al ver el nombre del doctor, se trataba de su padre. –“Marisa, ¿eres paciente de mi padre? ¡Oh no!”- Marisa sentada solo lo veía extrañada. –“Soñé que te atropellaban entonces”-, decía Marisa soñolienta, me duele la cabeza. –“No sé cómo llegue hasta ahí, sé que no soy sonámbula”- El joven suspiro contrariado. –“No me llevo con mi padre y tengo que conocer a una de sus pacientes en estos precisos momentos que me siento tan mal”- Marisa lo miraba, -“¿Por qué?, ¿Rompiste con tu mujer?”- dice en son de burla, y este se impactó con su pregunta. –“Pues es eso realmente, ¿quién eres tú?, ¿Por qué lo sabes?”- Marisa se agarraba de la cabeza asustada, -“No lo sé, me lo dicen esas voces. No me importa nada de tu vida ni quiero ayudarte a solucionar tus conflictos suficiente tengo con los míos”- Otra vez había sucedido, Marisa entro en histeria, -“No quiero que suceda, vete”, el joven se dirigió hacia la puerta. –“Tu eres vidente y no lo sabes.”- Decía el joven –“Hasta ahora nadie más sabía que rompí con ella y tú lo viste”- Marisa frunció la mirada con enojo  -“Estoy enferma, ¿qué no lo ves? Vete de una vez y pasaras inadvertido en mi vida como que nunca te conocí. Soy una enferma mental. Y si tu mujer te engañó, es su problema por no valorar…”- De pronto algo sucedió que hubiera un silencio frio entre los dos, -“¿Ves? Otra vez sucedió. ¿Cómo sabes eso?”-, Marisa se incorporó y como pudo saco al joven de su casa. –“No quiero que suceda otra vez, por favor. Déjame en paz. Va  ver una solución en tu vida, no te estanques en lo mismo o repetirás siempre ese tipo de relaciones fallidas. Yo he logrado bloquear esto, pero siempre hay algo que lo detona, ya no quiero sufrir así. Me importa poco tu vida, no la puedo cambiar, vete ahora”- El joven se quedó intrigado por el suceso ocurrido, salió de la casa y todo se calmó se sentó en las escaleras para reflexionar el momento extraño que tuvo con Marisa, pronto escucho un espejo romperse y lo alarmó. Al entrar a la casa se encontró con la desagradable situación que Marisa había roto un espejo para cortarse las venas, lo había roto con su propio cuerpo. –“¡Oh no! Rayos, ¿Por qué hiciste esto?”- Marisa desvanecida en sus brazos murmuraba: -“Déjame morir por favor. No quiero involucrarme con las vidas de las personas y no quiero ayudar a nadie para cambiarles sus problemas”- decía Marisa y se desmayó, este la cargó entre sus brazos y como pudo la llevo al hospital donde trabajaba su padre, pensando que lo iba a reencontrar nuevamente. Al llegar, rápidamente recibió auxilio. El medico estaba enfadado con su hijo: -“Casi la atropello, la lleve a su casa y platicamos. Empezó a escuchar esas voces que le hablan del futuro y dijo muchas cosas que hasta el momento nadie sabe”-, el doctor Loera estaba contrariado y molesto. –“¿Futuro dices? Hasta ahora nada comprobado, está paciente sufre de delirios de persecución, ¿Cómo te atreves a crearle un brote critico cayendo en la trampa de sus alucinaciones, fue tu culpa que intentara quitarse la vida. Para ya no escucharlas”- reclamaba Loera –“Está paciente estaba controlada desde hace tiempo y solo falto un detonante para recaer en el mismo sufrimiento. Ese detonante mi propio hijo, ¿Cristian en que pensabas?”- Cristian se cubría las manos a su cabeza, -“Padre, ¿qué sabes de la vida de esta paciente?, de su vida pasada de su árbol genealógico familiar. ¿Te has interesado alguna vez en indagar en las vidas de tus pacientes? Existen personas con dones sobrenaturales y lo desconocen, de ahí que se confunda con enfermedades mentales, ¿has pensado en eso? Eres muy escéptico padre, insensible”- Loera abrió la puerta del consultorio y saco a su hijo: -“Para eso están los psicólogos, ellos se encargan de eso.”- Jacta su padre como última sentencia. Cristian entrelazo sus dedos, decidido a que desentrañaría el misterio de la vida que ocultaba Marisa, por lo menos era un distractor del sufrimiento que le estaba causando la separación de su novia, ella llego a su vida en el momento preciso y quizá el destino los hizo juntarlos, si ella estaba destinada a cumplir una misión por medio de su don, estaba seguro que el encontraría la manera de como hallar el modo para hacerle comprender que tenía un don especial y debería ayudar a los demás. Pregunto a la recepcionista los datos de Marisa pero esta se lo negó rotundamente, -“Sé dónde vive y voy a entrar a su casa”- le dice Cristian en tono amenazante, -“Joven, eso es allanamiento de morada. No vaya a meterse en líos; de por sí, mire ya lo que le ocasiono a la paciente”- Aquella observación no detuvo a Cristian, salió corriendo del hospital, -“No se corre por los pasillos”- Le ordena a gritos el intendente. –“Cambiaré ahora yo un estilo de vida y desentrañar un misterio Don Jorge”- decía Cristian decidido –“¿Desentrañar un misterio dice?”- retintineaba deteniendo con la escoba entre sus codos, -“¡Vaya muchacho, sale de una para entrar a otra!, ¿hasta cuándo va a entender?”- decía par sí mismo. Poco después Cristian llegó a casa de Marisa, forzando la puerta pudo entrar hasta que de pronto la voz de un infante le interrumpió, -“No debería entrar a casas ajenas”-, le dice un niño que se acercó de repente. Cristian se percató que el niño tenía chamarra a pesar de que era época de mucho calor y usaba un par de chancletas rotas y una bermuda café muy deteriorada, sin embargó no le dio importancia y entró a la casa, -“¿Qué es lo que busca?”- pregunta el extraño niño, Cristian sintió escalofríos y trago saliva espesa, -“¿Cómo rayos entró sin que lo sintiera?”- pensó, -“¿Le paso algo a Marisa?”- pregunta el niño. Cristian se sentó en cunclillas y empezó a cuestionarle, -“¿Quién eres?”- El niño tardó en contestar y guardo un silencio profundo, -“Me llamo Carlos, soy hermano de Marisa, ¿le ha pasado algo a mi hermana?”-, Cristian guardo silencio no sabía cómo contestar –“Otra vez está internada, ¿verdad?”-, el muchacho suspiro, -“Tuvo un accidente y yo la lleve al hospital y hasta que se recupere volverá, ¿sabes dónde puedo..?”- el niño se le “desvaneció” frente a sus ojos y pronto lo vio por las escaleras, -“¡Ven!”- le ordenó el niño ante la sorpresa de Cristian, -“¿Quieres saber la verdadera identidad de mi hermana?”-, le dice y Cristian reaccionó rápido, entró a  un cuarto oscuro y prendió la lámpara de su celular descubriendo los adornos prestigiosos que adornaban lóbregamente el cuarto, quedó atónito mirando todos los cráneos y la gran colección de muñecos tipo elfos que tenía en su cama. –“Mi familia procede de una familia de brujos desde los bisabuelos, Marisa heredo los dones de mi abuela pero no lo sabe. Mi hermana, que es la madre de Marisa es católica y al negar los dones de Marisa pensando que era obra del demonio y con sus pensamientos tan a la antigua le prohibía hacer uso de sus dones, diciendo que eran delirios de una enfermedad mental y no tardó en hacérselo creer, por ello reprime esos instintos naturales de la precognición. Dentro de un portal digital, en esa computadora ha dado pruebas de su talento en un grupo del que es miembro, aun así ella misma cree que es cómo un juego donde por medio de la sugestión de la gente puede crear obras maravillosas parecidas a la magia. Pero no es lo que le hace la magia ser un ser extraordinario e increíble sino la videncia que tiene por medio de las venas y las voces de nuestros antepasados que le guían interiormente y le instruyen, desgraciadamente esas cosas asombrosas hoy en día pasan por alto y a Marisa se le ha diagnosticado como esquizofrenia, con sedantes e instrucciones para lidiar con su don que esconden por medio de una extraña enfermedad mental y terapias que no hacen otra cosa más que lavar el cerebro a las personas capacitadas con esos dones. Marisa se ha conectado al sistema colectivo de la sociedad humana y tener que cumplir reglas para ser aceptada, y eso hace que su cabeza tenga muchos pensamientos desorganizados y alucinaciones que le crean los fármacos médicos.”- Mientras decía esto, el niño le entrego un baúl que Marisa guardaba con gran recelo, regalo de la abuela después de su fallecimiento. Cuando Cristian lo abrió, descubrió un libro muy antiguo con un pentáculo en la portada, un cuchillo de doble filo con el manguillo negro, un ramita de árbol que olía a pino y un medallón extraño que parecía ser “un nudo de tres picos”. Cristian cerró el pequeño baúl, atónito por el gran tesoro que había encontrado, además encontró una libreta pequeña que parecía el diario antiguo de su abuela. Este último lo cogió y lo guardo en el bolsillo de su chaqueta. Se lo llevaría a Marisa para que lo leyera y descubriera su herencia familiar, -“Gracias, eres muy amable. No te preocupes por tu hermana se recuperara pronto”-. Repentinamente entró al cuarto una ráfaga de aire que levantó las cortinas oscuras de la ventana y al incorporarse noto que el niño ya no estaba, Cristian se asomó a buscarlo, bajo las escaleras corriendo y vio que la puerta  de la entrada estaba abierta, creyó que el niño salió sin cerrar la puerta, se sentó y empezó a leer el diario, parecía que la abuela estaba narrando su historia de cómo terminó su noviazgo y el motivo, de cómo encontró a Marisa y del accidente. No daba crédito de lo que estaba leyendo, ese diario había sido escrito hace mucho tiempo, por otra persona pero la situación era la misma, -“¿Cómo era posible todo esto?”-. Sin darse cuenta paso todo el día en la casa, esperaba los padres de Marisa, ellos nunca llegaron. Pronto se armó de valor y de noche se dirigió rumbo al hospital. –“Doctor Loera, le habla su hijo. Pregunta otra vez por la joven que atropelló, aún no ha podido entrar a la realidad después del accidente, mucho me temo que la enfermedad mental de su hijo esta empeorando.”- El doctor hizo una mueca en sus labios de desprecio y le dio seña dándole la orden que deje entrar a su hijo. –“Acuéstate”-, le ordena, -“No padre tu no entiendes, debo decirle algo a Marisa, he descubierto la verdad de las voces”- El doctor Loera preparaba una inyección para calmar a su hijo, -“Y el hermano de Marisa que nunca tuvo, ¿Lo sigues viendo?”- Cristian se recostó agarrándose la cabeza –“De echo el me dejo entrar a la casa y me contó la verdadera historia de tu paciente”-, Loera respiro resignado, -“Por eso me hice psiquiatra hijo, para tratar a personas con tu trastorno mental esquizofrénico y ayudarlas a sanar su mente”-, Cristian abrió los ojos aturdido y confundido, -“Padre, por lo que más quieras, la esquizofrenia no se contagia. Necesito ver a Marisa, quiero que se recupere de sus heridas”-, su padre ya lo estaba inyectando en el hombro derecho y pronto sintió frió miro hacia l ventana y vio el mismo niño que había visto en casa de la muchacha. –“Lo siento, yo soy tío de Marisa, vine a recogerla aquel día del accidente cuando tú la atropellaste y murió por tu culpa. Por esa desilusión amorosa que te segó el camino y tus pensamientos llenos de odio le dio muerte a una muchacha que tenía mucha vida por delante y si no tu por otro medio se iba a enterar del don que tuvo y si, tú eres como ella. Tienes el don, pero eso a mí ya no me corresponde guiar, las voces de los antiguos te guiaran sino te volverás loco antes de comprenderlos. Tu mente creo escenas en las que Marisa estaba viva por el sentimiento de culpa. Ella está evolucionando espiritualmente y ha pedido ser guía en tu camino, pues se enamoró de ti y como gesto los dioses antiguos le han dado la oportunidad de guiar tu destino.”- Cristian balbuceaba como si estuviera hablando con alguien, Loera preparando otra inyección. FIN

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